De hecho, su ir consideró vigente a partir de su estada en Europa. « Yo he vivido en el Viejo Mundo muchos años - dijo en "Consejos de Amigo" -, enseñando y viendo enseñar; no hablo por noticias ». Y en referencia a sus escritos, cuenta: « Mi genio comunicativo me ha hecho leer mis borradores a muchos, y mis borradores sobre la Instrucción Pública tuvieron principio, a fines del siglo pasado, en Europa ».
Llámese a sí mismo poseedor « del talento necesario para ser cortés y modesto ». Su tenacidad la subraya en varios textos: « Hace veinticinco años (en 1830) que estoy hablando y escribiendo, público y privadamente, sobre el sistema republicano, y, por todo fruto de mis buenos oficios, he conseguido que me trataran de loco. Los niños y los locos dicen las verdades ». « Cien años estuvo Noé anunciando el diluvio, y al fin llovió ». Alguna vez se dejó presionar por el despeco: « Ni campanero quiero ser en la América española, porque dirían que las campanas no sonaban, o que me había robado la torre ». «No soy vaca para tener querencia, ni nativo para tener compatriotas. Nada me importa el rincón donde me parió mi madre, ni me acuerdo de los muchachos con quienes jugué al trompo ». Defiende, sin embargo, su obra con energía, casi con ánimo de reto: «Déjeseme escribir a mi modo, que mal no haré, puesto que a nadie ofendo ». Y la califica, simbólicamente: « Si hubiera un loco que saliese cada día con su escoba al hombro a barrer las calles, sería desear que cundiese la manía, y hasta debería intentarse hacer una cría de ellos ». Un oficio primordial: ¡Barrer, intelectualmente!
Constantemente revela su pobreza, especialmente en las cartas. « Búsqueme a toda costa dos mil pesos, mi estimado General Bartolomé Salom, y hágamelos pasar cuanto antes. Aquí (en Chuquisaca) no hay un cuarto; los comerciantes son muy desconfiados y el resto de la gente es muy miserable ... Quiero irme y la familia aunque compuesta de dos, me sujeta. Yo no quiero que me den, sino que me ocupen ... Si puede, amigo General don José Trinidad Morán, mándeme un socorro. Después de haber gastado los millones que me robé (en Chuquisaca), he quedado como usted no puede imagnarse. Ni enseñando ni en ninguna otra especie de industria puedo ganar el pan. Ahora estoy en una hacienda, dando algunas lecciones a dos jóvenes sólo por la comida y el tabaco. » Su fortaleza íntima llega a la austeridad suma: « Convengo en que es fastidioso el estar lidiando con niños, y humillante el tener que aguantar las ipertinencias de algunos padres; pero, al fin, gano lo que como, y con este único consuelo me acuesto sobre una tabla, si es menester. »
¿Por qué Simón Rodríguez no volvió nunca a Venezuela/ El Presidente, general Carlos Soublette, uno de cuyos ministros era el general Rafael Urdaneta - ambos figuras centrales de la guerra de independencia - le invitó al maestro a retornar a la patria. El propio rodríguez se lo cuenta a su amigo, el obispo Pedro Antonio torres: « Una respuesta que me dan de la Nueva granada, es una orden del gobierno de Venezuela para que me envíen a mi tierra. Yo no voy allá. tanto se acuerda el Presidente de mí, como Su Santidad de usted. » No sólo se niega a viajar, sino que teme le fuercen a ello: « Siempre hay que felicitarme: sólo tendrá usted que borrar Caracas y poner Bogotá; porque somos mortales, y hallando las monjas entre los papeles de usted enhorabuena para Venezuela, puede que se presenten al obispo y me hagan seguir mi derrota con costas, costos, daños y perjuicios. Los tiempos no están para andarse por las ramas. ¡Dios nos libre de la justicia humana! ». ¿ Volver a Caracas, viejo, aparentemente derrotado por las circunstancias, sin saber a qué iría, y con el mal recuerdo por el rechazo de sus ideas en 1794, y el fracaso de la revolución de Picornell en que anduvo comprometido? Regresar no es avanzar. ¿ Y a una Venezuela sin Bolívar?
Simón Rodríguez llegado a la vida un 28 de octubre de 1771, nació niño expósito, y esta fué la primera marca adversa para su existencia.
Escuece a no pocos que el Maestro haya sido un expósito. Lo fue, a pesar de la buena voluntad de los purificadores de la historia. El documento probatorio es la partida de matrimonio en la cual el párroco de Altagracia escribió el 25 de junio de 1795: « Presencié el metrimonio que contrajeron don Simón rodríguez, expósito de esta feligresía, y doña María de los Santos Ronco, hija legítima de ... ».
« La mayoría de los expósitos en Caracas - escribe Francisco Depons en su "Viaje a la parte oriental de Tierra Firme en la América Meridional"; libro que Miranda solía prestar a los políticos londinenses - eran hijos de mujeres blancas que casi siempre cedían a las exigencias del temperamento, a las intrigas del amor y a las necesidades domésticas. Y es de notar que a los recién nacido los recogen mujeres de color o negros. A los varones los reciben fácilmente en un convento o iglesia; pero las hembras han de compartir, hasta que se casen, la miseria de sus padres adoptivos". El historiador Idelfonso Leal puntualiza: "sin embargo, algunos expósitos blancos fueron educados por familias pudientes, logrando así proseguir sus estudios en la Universidad"..."La Universidad de Caracas nunca vio con buenos ojos las mercedes reales (en favor de los expósitos), pues consideraba que las cinco partes de los expósitos procedían de las gentes de castas y que las madres abandonaban sus hijos en los parajes públicos, para verlos colocados en los oficios y empleos de los blancos".
¡La humillación hubo de soportarla íntegra, de niño, de adolescente y de jóven! Muy tierno, recibió la protección y cuidados del sacerdote Rodríguez, hermano de su madre Rosalía. Instruído inicialmente en una escuela de la ciudad, obtuvo del Municipio de Caracas el título de Maestro de primaria, a los veinte años. casi en enseguida, aceptó educar al niño Simón Bolívar, a quién orientó por lapsos de cinco años consecutivos. antes de fugarse al exterior - estaba perseguido, por conspirador contra España - presentó al Cabildo un plan de reforma educativa que no fue aceptado.
Durante veintiséis años viajó por Estados Unidos y europa. En Francia se encontró con su discípulo Bolívar y partió con él a Italia, donde los dos hicieron el Juramento en el Monte Sacro de Roma; deambularon juntos por espacio de tres años. En aquellas jiras utilizó exclusivamente el nombre de Samuel Robinson.
De regreso a América, en 1823, laboró en Bogotá, sin éxito. Llamado por el Libertadro al Perú, integró su comitiva en la visita que este realizó al sur peruano y a la recién creada Bolivia. En Chuquisaca fue nombrado Director General de Educación para la nueva República, y se le asignaron además otros poderes. Actuó con suma intensidad. Los defensores de la traición y la falta de entendimiento con el Presidente Sucre, forzáronle a renunciar y a retomar el pobre derrotero de los andariegos soñadores. En Arequipa pudo publicar el primero de sus escritos; de ahí en adelante, sobre una ruta angustiada de dos décadas, sin dinero y también sin vencimiento, logrará editar parte de sus trabajos, en el Perú, el Ecuador, La Nueva Granada y chile. Colaboró en los periódicos. Tuvos pocos amigos y muchos enemigos. murió en el pueblecillo peruano de Amotape, cerca de paita, el 28 de febrero de 1854, a los ochenta y tres años.
Sus huesos tienen ya la levedad blanca de lo perdurable. Acompañan, en el Panteón Nacional de Caracas, a los del Libertador Simón Bolívar, su discípulo egregio.
Algunas sentencias del ideario de Simón Rodíguez:
«El hombre no es ignorante porque es pobre, sino lo contrario»
«Instruir no es educar; ni la instrucción puede ser un equivalente de la educación, aunque instruyendo se eduque»
«No hay interés donde no se estrevé el fin de la acción. Lo que no se hace sentir no se entiende, y lo que no se entiende no interesa. Llamar, captar y fijar la atención, son las tres partes del arte de enseñar. Y no todos los maestros sobresalen en las tres»
«El título de maestro no debe darse sino al que sabe enseñar, esto es al que enseña a aprender; no al que manda aprender o indica lo que se ha de aprender, ni al que aconseja que se aprenda. El maestro que sabe dar las primeras instrucciones, sigue enseñado virtualmente todo lo que se aprende después, porque enseñó a aprender»
«No hay oveja que busque al pastor, ni muchacho que busque a maestro»
«Enseñen los niños a ser preguntones, para que, pidiendo el por qué de lo que se les mande hacer; se acostumbren a obedecer a la razón, no a la autoridad como los limitados, no a la costumbre como los estúpidos»
«La ignorancia es la causa de todos los males que el hombre se hace y hace a otros; y esto es inevitable, porque la moniciencia no cabe en un hombre: puede caber, hasta cierto punto, en una sociedad 9por el más y el menos se distigue una de otra). No es culpable un hombre porque ignora - poco es lo que puede saber -, pero lo será si se encarga de hacer lo que no sabe.»
«Acostumbrese al niño a ser veraz, fiel, servicial, comedido, benéfico, agradecido, consecuente, generoso, amable, diligente, cuidadoso, aseado; a respetar la reputación y a cumplir con lo que promete. Y déjense las habilidades a su cargo; él sabrá buscarse maestros, cuando joven.
«Sólo la educación impone obligaciones a la voluntad. Estas obligaciones son las que llamamos hábitos.»
«Enseñen, y tendrán quien sepa;'eduquen, y tendrán quien haga.»
«Toca a los maestros hacer conocer a los niños el valor del trabajo, para que sepan apreciar el valor de las cosas.»
«Al que no sabe, cualquiera lo engaña. Al que no tiene, cualquiera lo compra».
«Enseñar es hacer comprender; es emplear el entendimiento; no hacer trabajar la memoria»
«El maestro de niños debe ser sabio, ilustrado, filósofo y comunicativo, porque su oficio es formar hombres para la sociedad»
«Nadie hace bien lo que no sabe; por consiguiente nunca se hará República con gente ignorante, sea cual fuere el plan que se adopte.»